Por mucho que crezcamos. Aunque las experiencias consuman nuestra inocencia, las traiciones tienten nuestra confianza. Pese a que las cicatrices de nuestras caídas marquen nuestra piel, nuestro pequeño Peter Pan nunca sucumbirá. Siempre adoraremos el reírnos como niños, esas pequeñas carcajadas incontrolables. El entusiasmo por aquello que nos apasiona, las rabietas que nos dan cuando las cosas no salen como queremos.
Las ansias de aprender no se podrán perder, al igual que ese afán por correr cuando apenas sabemos caminar. Seguiremos sin pisar las baldosas negras de la acera. Aunque esos pequeños salitos ya sean grandes pasos, nunca reprimas a ese Peter Pan. Haz que se haga notar, que brote y más aún cuando nadie se lo espere.

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